La Diosa Buitre Guardiana de la Puerta del Oeste y las bacterias sus aliadas

Escrito por Devana filhia de Liliana y la doctora Marinella Maxia

¿Existe un vínculo entre la Diosa en su apariencia de Anciana, la Diosa Buitre Guardiana de la Puerta del Oeste, y la cáscara de la fruta podrida y las bacterias que genera? Puede que ahora la Diosa Buitre de la que habla Devana no sea solamente algo espiritual, simbolico, sino tambien, por fin, algo cientifico, como lo demuestra el extraordinario descubrimiento de la doctora italiana Marinella Maxia.

Questa immagine ha l'attributo alt vuoto; il nome del file è iside1.jpg
La Dea Avvoltoio – foto crediti da internet http://www.ebookesoterici.net/iside/

Las culturas ancestrales – escribe Devana – veneraban las cuevas como manifestaciones terrestres del Sagrado Útero de la Diosa y se iban allí para rezar y contactar a las antepasadas ​​y a los antepasados ​​en el lugar donde habían puesto sus huesos, como semillas en un huerto, esperando ser regeneradas-os por el Sagrado Vientre de la Gran Madre en su aspecto más importante: la Anciana guardiana de los rituales de regeneración e inmortalidad. Negado, ocultado, corrompido por todas las religiones patriarcales, que reconocen solo los dos aspectos de Virgen y Madre funcionales a la modalidad androcéntrica, o tránsmiso de acuerdo con la visión distorsionada de “diosa de la guerra”, la Diosa Buitre en realidad encarna la función más importante y desconocida de la Sagrada Feminidad: la Vida que se regenera.

Honrar a la Diosa en este aspecto oscuro y poderoso, dar voz a la tercera fase del ciclo femenino que es inherente a la totalidad de cada mujer, es decir, la REGENERACIÓN de la cual la Diosa Anciana es la guardiana y garante, es fundamental para despertar la memoria celular de la Sagrada Feminidad en su totalidad. Esta tercera fase es ignorada y rechazada por la cultura patriarcal, que ha reemplazado la visión cíclica con la lineal y la regeneración con la “muerte”.

La Diosa es Vida, inmensa infinita y autogeneradora, que no puede morir, solo puede transformarse por sí misma. El concepto de muerte como el final de la vida es un concepto patriarcal equivocado. Las culturas matrifocales no conocen la muerte: la “cultura” de la muerte fue introducida por los guerreros que invadieron y destruyeron las pacíficas comunidades matrifocales en el Neolítico. Reconstruí – continúa Devana – lo que pensé que era la visión antigua en la cultura de la Gran Madre. Aquí está: la vida entra en este plano de existencia a través de la Puerta del Este, con el nacimiento, y sale por la Puerta del Oeste con la muerte. Como en el ciclo solar: el sol ingresa por el Este y sale por el Oeste. La muerte no es lo opuesto a la vida, que no tiene principio ni fin, sino que es la puerta opuesta al nacimiento.

En la Puerta Oeste, la Diosa Buitre (el buitre se alimenta de cadáveres, así como el cuervo y otras aves conectadas enseguida a la “diosa de la guerra”) les da la bienvenida a los seres que dejan el cuerpo en esta dimensión, devolviéndoselo a la tierra donde circulará nuevamente en el ecosistema, y ​​los encamina hacia una nueva entrada en la manifestacion desde la Puerta del Este, después de haber viajado, como el sol, en el hemiciclo oculto (la noche). La Antigua Diosa es, por lo tanto, la guardiana de este proceso de regeneración, ya que las almas pueden volver a encarnar en los nuevos cuerpos producidos por las madres de los clanes, a través de la Puerta Este de la cual la Diosa, en su aspecto de Doncella-Virgen, es la guardiana.

Este es el ciclo infinito de la Vida que las culturas matriarcales conocieron y conocen bien y que la modalidad piramidal patriarcal ha malentendido, corrompido, distorsionado. Creemos en la muerte como momento final de la vida porque nos lo han enseñado. Estamos entrenadas para creer al fin, el lugar de la regeneración.

***

Desde la infancia – cuenta la doctora Marinella Maxia – yo hacia preguntas extrañas. Recuerdo una vez cuando le pregunté a mi abuelo de dónde habían salido esos pequeños gusanos que estaban en el queso. Y él: <de los huevos de una mosca>. Y yo: <pero ¿cómo encontró la mosca el queso en el ático? ¡La abuela siempre mantiene la puerta cerrada!>; y mi abuelo: <entró, punto!!!>.

En el curso de mi vida, la misma pregunta surgió repetidamente en ocasiones similares: ¿De dónde vienen los gusanos y las moscas de la fruta? Y la respuesta que me daban fue siempre la misma: <¡desde el aire, arriba! ¡Todo el mundo lo sabe!>

Esto continuó hasta después de la universidad, cuando me embarqué como médico en los barcos. Allí sucedió algo que aumentó mi curiosidad hasta el punto de comprar un microscopio. No satisfecha con mis estudios anteriores, volví a estudiar y eso fue lo que descubrì.

Durante las horas de navegación yo estaba en la enfermería. Mi cabaña siempre estaba cerrada hasta mi regreso, al final del día. El apetito disminuyó significativamente, de modo que, al no consumir la fruta que había estado en la mesa durante días, se pudrió al esparcir un enjambre de mosquitos a su alrededor.

Eso me habría dejado completamente indiferente si me hubiera encontrado en mi casa o en cualquier otro lugar en tierra firme, pero en el barco, con la ventanilla y la puerta de la cabina cerradas herméticamente, no entendía por dónde podrían haber entrado. ¡Y aquí estaba mi vieja pregunta! Miré dentro de la cáscara de un durazno y encontré gusanos blancuzcos de los cuales, por el momento, no entendía el origen. Decidí repetir el experimento, teniendo cuidado de aislar el soporte de la fruta, por lo que lo aislé con una red tan sútil que evitaba el paso incluso de los mosquitos más pequeños.

Después de cierto período, se repitió el mismo fenómeno, es decir, tanto las moscas de la fruta como los gusanos reaparecieron. Después de aterrizar, me propuse estudiar el fenómeno desde un punto de vista microscópico. Compré un microscopio óptico con la máxima resolución y en casa repetí el mismo experimento, monitoreando esta vez diferentes parámetros, como la temperatura, la humedad y el pH, para poder rastrear el microclima ideal para obtener el desarrollo de la microfauna en el menor tiempo posible.  Al observar los elementos en detalle bajo un microscopio, pude notar las primeras etapas de su maduración.

En la pulpa de la fruta hay, en la primera generación, huevos o similares que justifican el origen de los elementos adultos. EN CAMBIO, OBSERVÉ QUE ES A TRAVÉS DEL PROCESO DE MACERACION QUE LA PULPA SE DESCOMPONE EN VESÍCULAS Y DESDE AQUÍ, A TRAVÉS DE PASOS SUCESIVOS, LLEGAMOS A LA ESTRUCTURA DEFINITIVA SIMILAR A UN GUSANO.

Soy consciente de que lo que acabo de decir suena como un insulto a las leyes de la genética, donde la continuación de la especie se le atribuye a la transmisión de material genético que se transfiere de los padres a los hijos. Entonces, cuando se trata de la descendencia, es imposible no pensar en el ADN que se transmite a la descendencia, de modo que cada niño individual es similar al padre.

Parece casi blasfemo afirmar que algunas formas de vida toman un camino completamente diferente. Llevé a cabo el mismo experimento utilizando diferentes materiales, tanto animales -como carne de res, pollo, cerdo – y vegetales – como hojas de césped, plantas ornamentales, algunos tipos de algas. En cualquier caso, siempre obtuve los mismos resultados. A la luz de lo observado, aunque el entrenamiento médico me impone ciertas restricciones, no puedo evitar pensar que existen formas diferentes y quizás más antiguas de crear formas de vida.

¿Cuál podría ser el propósito de un “nacimiento espontáneo” como este? Probablemente deberíamos considerar el tema desde un punto de vista energético, es decir, suponiendo que un elemento sin vida siga reteniendo un potencial energético durante un cierto período. Este campo hertziano significativamente más bajo, junto con una disminución del PH, podría activar (en el material genético todavía presente) algunos genes que codifican diferentes formas de vida en comparación con el material genético de origen: en pocas palabras, un organismo animal nacido de un planta. Genes que permanecen en silencio hasta que se activan solos por el campo hertziano bajo, el pH bajo y otros parámetros relacionados. La tarea de las nuevas formas de vida sería transformar este material, descomponiéndolo en compuestos más simples y más fácilmente asimilables por otras formas de vida.

Este fenómeno satisfaría un problema de “ecosistema”. Pensamos, por ejemplo, en cómo sería la superficie de la tierra si las escorias que se producen continuamente (las de origen natural, por supuesto), no se transformaran constantemente en material reutilizable. Estos se estratificarían en el suelo, por kilómetros de altura, transformándolo en un gigantesco cubo de basura. En cambio, a través de este sistema metabólico que se dispara de forma autónoma, tras la muerte de dichos elementos, es posible reducir el volumen del material acumulado hasta que se elimine gradualmente con el tiempo.

Según mi teoría, el material genético que se transmite, probablemente permanece inactivo antes de la muerte celular, por lo tanto, el organismo que se origina después de la muerte hereda diferentes genes, por lo que es completamente diferente del individuo del que se originó. Pero el hecho más inquietante es aceptar que de un ser sin vida se origina uno absolutamente vital.

Pero intentemos imaginar que, en un programa global contenido en los genes, también existe el proyecto que se refiere a la eliminación de desechos y la recirculación de más material utilizable, en esta perspectiva quizás nos parezca más aceptable. En este punto encaja la vision de Devana sobre la Diosa Buitre que garantiza la regeneracion en las culturas matrifocales.

En el pasado, alguien ya afirmaba la existencia de la llamada “generación espontánea”, pero la tesis pronto fue refutada a favor de las leyes vigentes, según las cuales la vida no puede originarse a partir de una sustancia muerta.

Alrededor de mediados del siglo XVII, el naturalista holandés Antoni van Leeuwenhoek vertiendo agua sobre sustancias como heno, paja, pimienta y todas las especias posibles notó que después de algún tiempo el agua estaba repleta de microorganismos extraños. Los organismos eran tan pequeños y parecían estructurados de una manera tan simple que era fácil suponer que se habían originado de repente a partir de una materia sin vida.

La generación espontánea podría significar que, en algún momento pasado, la vida se formó a partir de materia no viva, capaz de auto-producirse. Pero, ¿qué materia podemos llamar no viviente? Sin embargo, la generación espontánea también puede significar que continuamente, en cada minuto y en cada segundo, la vida se desarrolla a partir de sustancias aparentemente “sin vida”.

El biofísico estadounidense Harold J. Morowitz, en sus estudios sobre la apariencia de la vida, sostiene que en tiempos muy remotos, antes del aumento de la complejidad molecular, ciertas moléculas se ensamblaron dentro de membranas primitivas que espontáneamente habrían dado lugar a burbujas cerradas; por lo tanto, la evolución de la complejidad molecular tuvo lugar dentro de estas burbujas y no en un caldo químico sin ninguna estructura. Después de la muerte, o en condiciones particulares, el tejido pasa de una forma de vida compleja a una más simple. En cuanto al origen de la bacteria, es posible aventurar la siguiente hipótesis: dada su función de demoler las sustancias orgánicas, habiendo comprobado su presencia que está prácticamente en todas partes en el material en descomposición, el origen mismo debería comenzar desde aquí es decir, de la célula del organismo multicelular que se está deteriorando. Supongamos que cada célula al nacer posee un mecanismo intrínseco a los genes mismos, que en el momento de la muerte activa originando un proceso de autodestrucción. Después de la muerte, por lo tanto, realiza la función, que sería opuesta a la de los genes activos durante la vida, es decir, se pondría en marcha una especie de demolición de estructuras celulares. Entonces, un programa de autodestrucción post mortem se escribiría en los genes que garantizarían la eliminación de material inerte que de otro modo se estratificaría en la superficie de la tierra.

Formulé la hipótesis de que todas las formas vivas que operan la transformación y eliminación de desechos, derivan de la materia misma que posteriormente se transforma. Por esta razón, los gusanos de madera se originan de la madera, las polillas de la lana, y en el mundo vegetal muchas hierbas que se llaman espontáneas se originan directamente del suelo y no de la semilla.

Pasteur, convencido de que los microorganismos siempre penetraban desde el exterior, dijo que estos eran la causa principal de las enfermedades y que debían combatirse. De ahí la creación de vacunas según el postulado: “aislar el germen, matarlo, inyectarlo”.

El descubrimiento de gérmenes, como causa de enfermedades infecciosas, se remonta a la segunda mitad del siglo XIX. El italian Agostino Bassi escribió que todas las enfermedades contagiosas son generadas por parásitos, sentando las bases del estudio moderno de microorganismos que luego asumió Pasteur. Después de la terapia de vacuna de suero, fuimos hacia la revolución farmacológica. Hasta ahora, las terapias son reconocidas por el prefijo “anti”: antibióticos, antiinflamatorios, anticancerígenos, antivirales, etc. ¡Como para sanar era necesario “matar” algo! Es una guerra! Se puede ver la visión patriarcal en medicina, que separa, elimina, distruye … La visión femenina no razonaría en estos términos. En todo caso, usaría agregar, reducir, actualizar, etc.

***

Devana es escritora investigadora filosofa y chamana europea. Tiene publicados 21 libros y sigue viajando para descrubrir en todo el planeta huellas de las antiguas culturas femeninas. Practica un chamanismo femenino y creò la Escuela online de la Mujeres ®, un canal youtube que se propone dar voz a las grandes mujeres olvidadas por la historia oficial patriarcal. En 2018 junta con Monad Clemente y un grupo de 40 mujeres abriò en Dourados – Mato Grosso do Sul la Grande Espiral Feminina

Marinella Maxia, responsable científica de La Escuela de las Mujeres®, se graduó en medicina y cirugía en la universidad La Sapienza en Roma y asistió a una especialización de dos años en enfermedades infecciosas. Luego se especializó en homotoxicología y homeopatía y asistió a varios cursos de medicina holística. Es investigadora microbiológica independiente.